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CULTURA E HISTORIA

CULTURA

 

Lamas es un pueblo pacífico que parece extraviado en el tiempo. Localizado en la alta Amazonía, tiene la imagen de ser un pueblo andino en pleno proceso de cambio, y no sin razón. Como señalamos, se cree que los residentes de Lamas han venido hace cientos de años de las regiones montañosas y han retenido sus costumbres, mientras se iban adaptando a un ambiente de selva; el pueblo todavía valora su linaje inca.

 

A Lamas se le llama la "Ciudad de Tres Suelos" porque se coloca en tres niveles de terrazas, en una colina de 800 m: el nivel más bajo, conocido como Waico, está habitado por pobladores que hablan un dialecto combinado de Quechua y Cahuapana, este último un idioma de la selva; ellos caminan descalzos, pero son bastantes hábiles con las manos, tejiendo ropa de estilo colonial y muchos ornamentos clásicos de su cultura; muchas mujeres usan faldas azules plegadas, blusas blancas bordadas y cintas de pelo, mientras los hombres llevan los pantalones estrechos y usan sus chaquetas desabotonadas. Las muchachas llevan los vestidos con colores muy vivos, como hacen todos los "Lamistos", durante los tiempos de fiesta. El segundo nivel de Lamas contiene la zona comercial, a donde se va de compras y tiendas. Y en el tercer nivel, donde quizás la aristocracia aborigen vivió una vez, es la plaza del pueblo y la iglesia. Pronto también será el sitio de un complejo hotelero. La disposición de su territorio, a manera de terrazas, dio lugar a que el sabio italiano Antonio Raimondi la bautizara como "La ciudad de los tres pisos". Se dice que el primer piso fue ocupado por los chancas venidos de Apurímac encabezados por el fiero Ancohuallo, el segundo piso fue habitado por los mestizos y el tercero era utilizado como un mirador natural. 

 

Originalmente, la ciudad se llamó Santa Cruz de los Motilones de Lamas, y en la actualidad es la capital de la provincia del mismo nombre, a 80 km de la importante ciudad de Moyobamba, la primera ciudad peruana que se fundó en la selva. El camino que une al pueblo con la carretera está modernizándose, y cuando se termine el viaje durará solo 30 minutos. Los visitantes que ingresen a Lamas pueden disfrutar de los baños termales de azufre de Moyobamba, así como de los petroglifos y lagos cercanos. 
 
Cerca de Lamas se encuentra el Río Mayo, un lugar ideal para el canotaje. Este río fluye hacia el río Huallaga, un testigo silencioso de las aventuras de los incas expansionistas, los colonizadores españoles y los misioneros de hace siglos. Aquí se refugió el caudillo rebelde Ancohuallo, quien había huido después de ser derrotado completamente por el Inca Pachacútec Yupanqui en la mitad del siglo XV. Su ejército pasó por el norte de la Cordillera de los Andes y el río Huallaga; luego llegó a la región de Lamas, mientras se establecían a lo largo de la cuenca del río Mayo. 
 
Actualmente los lamistas viven en el mismo lugar que ocuparon sus ancestros, dedicándose a la agricultura, la ganadería y la artesanía; continúan viviendo en sus casas y se encuentran organizados, conservando su cultura, tradiciones, costumbres y técnicas; mantienen una separación entre indígenas (procedentes de otras etnias), lamistas y mestizos, quienes inclusive celebran sus fiestas patronales en fechas distintas; los indígenas festejan a Santa Rosa el 30 de agosto y los mestizos rinden homenaje a Santa Cruz de los Motilones el 14 de julio. En la zona denominada Waiko hay cerca de 1,200 descendientes de los chancas y las calles del barrio adoptan los apellidos de las familias Sangama, Cachique, Amasifuén. 
 
Lamas es una de las ciudades más exóticas de nuestra amazonía, en plena selva alta, y conserva un ambiente fresco. Su población está compuesta en más del 50% por blancos y mestizos que se establecieron en la zona algo más de 150 años. Son muy reacios a entrar en contacto con forasteros o con pueblos vecinos; su carácter tranquilo y sus lentas reacciones han dado pie a los denominados "cuentos lamistas". El visitar esta etnia es como vivir bajo normas, tradiciones y conceptos muy antiguos; podemos apreciar sus vestidos originales, sus costumbres remotas, sus comidas, su artesanía y su agricultura, pero también una modernidad aplicada a una buena organización que les permite conservar sus tradiciones y desarrollarse socialmente. Es una experiencia que realmente merece vivirse.